dimecres, 26 de març de 2014

Area de servicio


Después de la temporada en el Lliure la Companyia Prisamata marchó a Buenos Aires con Sé de un lugar y dejamos al Bar Amparo descansando unas semanas.

A la vuelta, tras un par de semanas, volveríamos al ataque, ahora con los bolos de JO MAI.

Casi sin descanso. Saltando de una obra a otra, de una ciudad a otra, de teatro en teatro.

Una de las peculiaridades de JO MAI es que cada teatro nuevo al que llega pide remontar el espectáculo, modificar las luces, nuevos movimientos para los actores, entradas diferentes, salidas... La experiencia JO MAI pide convertir cada teatro en el Bar Amparo, y para que eso suceda hay que investigar las posibilidades de cada espacio y aprovecharlas al máximo.

En ese sentido, los primeros bolos nos sirvieron para entender en qué nos habíamos metido, y a partir de ahí mejorar el proceso, por parte de dirección, para economizar el tiempo sin dejar de hacer lo que cada función demanda. Al principio, después de que los técnicos prepararan el espacio(a veces ya empezaban el día antes, y siempre una matada de horas y horas, colocar focos, recuperar memorias, mover instrumentos, probarlos...) llegábamos todo el equipo, actores incluidos, y remontábamos toda la función, en sesiones de trabajo de cuatro o cinco horas, teniendo en cuenta que luego se pasarían dos horas de preparación y calentamiento, más la hora y media de función. Una matada. No way.

Era de cajón que así no podíamos trabajar y, finalmente, encontramos una manera mucho más práctica. Primero los técnicos lo preparaban todo, luego llegaba yo y hacía un repaso a todas las luces y preparaba los movimientos que luego, cuando llegasen, le explicaría en apenas veinte minutos a los actores. Ellos, rápidamente, los incorporaban y así podían dedicarse esencialmente a prepararse física y emocionalmente para la función.

La primera vez que instalamos este sistema, en el Atrium de Viladecans si mi memoria no me falla, me tranquilicé muchísimo: Los muchos cambios de puesta en escena que debían incorporar en muy poco tiempo no sólo no confundieron a los actores sino que además les acabaron de empujar a hacer totalmente suya la función. Muchas de las decisiones escénicas las empezaron a tomar ellos, a improvisar a partir de las coordenadas dadas, a tomar firmemente la responsabilidad de convertir sin excusas cada teatro en el Bar Amparo.

Eso sí, cada bolo me daba apuro al ver el currazo que David, con las luces, y Xavi Pla, con la regiduria, se pegaban. Y acabar función en una punta de Catalunya y salir hacia la otra punta para preparar la siguiente y dejarlo todo listo para el resto del equipo. Marta se curró un buen sistema para poder hacer todos los bolos con la máxima tranquilidad posible, pero el fin de semana Andorra-Banyoles-Lloret fue uno de esos tour de force que me costará mucho olvidar.


Además, para más inri, un servidor, que siempre busca la obra perfecta, iba dando tijeretazos al texto entre función y función, cargándome este monólogo aquí, este baile allá, en busca del viajazo supremo para los actores y para el público. Uno siempre tiene miedo de decirle un actor: "Oye, ese monólogo que llevamos dos años trabajando, hoy no lo digas". Pero debo decir que en este caso la respuesta de los intérpretes fue de una generosidad sin fisuras. Y no podía ser menos. Llegados a este punto, la función es de todos. A riesgo de reiterarme, me había quedado más que claro al ver como se adueñaban de cada momento, cada gesto, cada situación, y empezaban a dirigirse entre ellos y a implicarse sin mi batuta. Debo confesar que alguna vez me he paseado entre ellos, mientras calentaban, con la intención de dar alguna nota, y me he sentido inútil y desplazado, como cuando de pequeño el equipo de fútbol no quiere contar contigo. Han sido momentos escasos, tampoco pequemos de falsa humildad, siempre había ese detalle, esa frase, ese monólogo, donde veía que necesitaban ese pequeño toque. Y era precioso darlo.


Creo que una de las mejores cosas de esta parte de la gira ha sido precisamente eso: Los actores, los técnicos, yo mismo, al tener que aprender a defender la obra en plazas tan diferentes a un ritmo tan poco pausado, hemos aprendido a distinguir la paja del grano, nos ha obligado a esencializar y a entender la esencia profunda de la obra.

También nos ha obligado a aprender mucho las diferentes reacciones del público. Una obra como esta, que subvierte el pacto teatral a la italiana al que estamos acostumbrados a entregarnos, puede conseguir dos tipos de reacciones adversas: Una, la de los que se niegan a plantearse ese pacto teatral: Todo lo que salga de la idea convencional establecida(y muy limitada, a mi entender) de lo que es el teatro no les interesa y no le quieren prestar atención(he visto gente mayor negándose a girar la cabeza en toda la obra, aunque lo más interesante estuviera pasando a sus espaldas). Otra, la de los que directamente no conocen el pacto teatral: Gente, adolescentes normalmente, que no han llegado nunca a someterse al ejercicio de pasividad que pide la experiencia teatral, y que si ven actores caminando a su alrededor, entienden que pueden hacer ellos también lo que quieran. A veces he sentido que lanzaba a los actores a los leones.



Eso nos ha obligado a aprender a servir la obra cada vez mejor, a salvar esos obstáculos y seducir el público para una experiencia tan descolocadora a veces como puede ser JO MAI. Los actores han aprendido a tratar al público, a quererlo y a hipnotizarlo. Yo he aprendido a ayudar este proceso modificando la iluminación, la relación con el espacio, para conducir mejor al público y que no se nos escape.

Del primer bolo en el Teatre de Salt, en el que los chicos se tiraron a la piscina con arrojo pero aún con cierta inseguridad, acostumbrados a salir a matar en el Lliure de Gràcia pero ahora lógicamente desubicados, con la sensación de jugar fuera de casa; al último en Olot, donde ya estaban más que sobrados y se permitieron pasarse y reinventarse más de una escena sin dejar nunca de explicar la obra con fidelidad religiosa. La evolución, en tan solo unas semanas, fue milagrosa.

Y, de nuevo, el público, te confirma que no vas mal encaminado. Ese público que sale vibrando de la función, como si acabara de salir de una montaña rusa. Esa mujer de cuarenta años que te dice que es la primera vez que va al teatro y que "impresiona, así en persona". Esas jóvenes que te confiesan que han visto la función seis veces. Esas adolescentes excitadas que corren para tener una copia del poster de la obra que colgar en su cuarto. Esos colegas que te dicen "qué punkada" y te sonríen con la complicidad del que se ha sentido comprendido. También esos que necesitan decir que no les ha gustado, pero airados, con cierta bilis, como si hubiéramos hecho algo que no toca. Y, no puedo olvidarme, claro, de los programadores, que saben que tienen entre manos una obra arriesgada, pero que apuestan por JO MAI porque creen que es una manera de abrir la puerta a nuevos públicos, y que hacen las mil y una(como nuestro ínclito Paco Moreno & company, disfrazado de entrada por las calles de Lloret) para llenar nuestros teatros. La cara de los programadores, satisfechos, tras ver que su apuesta no había sido en balde, al final de la función, luminosos. Son esas miradas las que te hacen volver a casa, en la furgo, escuchando los últimos descubrimientos musicales de Álex, con la tranquilidad de que, como decía George Peppard, los planes han salido bien.

Y, volviendo de ese último bolo, Oriol, con mirada traviesa, me dice: "Ara sí, tio, ara el JO MAI sí mola!"



Y es esa sensación constante, la del "Ara sí!", que, pasado un tiempo, se eclipsa ante otro "Ara sí!" que parece mayor, la que nos mantiene enganchados a esta aventura.

Ahora los diferentes compromisos laborales de cada uno nos han obligado a hacer una pausa, para repostar. Los Prisamata nos vamos con Sé de un lugar a Madrid. El reparto tiene sus pelis, sus obras de teatro(por cierto, no se pierdan a Oriol con su "Cabaret K Barat", ni las futuras direcciones de Marcel con su socio Nao), pero nos miramos entre nosotros y sabemos que tenemos muchas ganas de seguir dándole vida a JO MAI, de volver a sentir el próximo "Ara sí!".

Oficialmente, los próximos bolos son en Septiembre, Marta está encajándolo todo como ella sabe para volver a tener una buena pequeña gira a principios de la próxima temporada. Algunas de las plazas que se rumorean me ponen muchísimo, pero prefiero no gafar nada.

Pero tenemos más ganas de JO MAI, y de seguir haciéndolo a nuestra manera. Así que es muy probable que algo se nos ocurra, algo especial, algo que nos permita seguir explorando, buscar un nuevo "Ara sí!", y que nos permita seguir haciendo realidad cosas que no sabemos si se pueden o no hacer. Tenemos lo básico, tenemos la necesidad.



Sigan atentos a este dial, seguro que pronto habrán novedades.

















 (fotos de Xavi Pla)



Licencia Creative Commons
jo mai (en procés) por lalialvarezgarriga/cia.prisamata se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.
Basada en una obra en http://jomaienproces.blogspot.com.