dilluns, 7 de juliol de 2014

Duppy Conquerors

Primero de todo, querría pedir disculpas a tod@s l@s que habéis estado enviando mails preguntando por futuros bolos y oportunidades de ver "Jo Mai". Tardamos en responder porque hemos estado ocupados con las diversas aventuras en las que nos hemos enfrascado en la companyia Prisamata, dedicándonos a mover nuestro otro espectáculo en movimiento, "Sé de un lugar", fuera de Catalunya, y cocinando, en el laboratorio, nuevos proyectos aún demasiado verdes como para comentar aún detalladamente.

Los intérpretes de la función también se han disgregado en otros proyectos. Així, cinc cèntims breus: Marcel no para de actuar, dirigir y escribir en cine, teatro, tele, madurando su oficio sin dejar de investigar. Álex se ha dedicado a rodar y prepara un par de peliculas con una pintaza que te mueres. Oriol también tiene algunos proyectos por ahí que huelen muy bien, y no deja de dedicarle amor al teatro, colaborando en una iniciativa tan interesante como "Els Malnascuts" de la Sala Beckett o dándole alas al espectáculo de su propia cia., Espai Dual, "Cabaret K-Barat".

Personalmente, tengo muchas ganas de ver cómo respiramos cuando volvamos a encontrarnos todos de nuevo en el Bar Amparo, porque sé que todos tendremos mucho nuevo a aportar, de nuestros respectivos viajes.

Por otro lado, es un buen momento para recordar cómo empezó todo, allí en el Adrià Antic de l'Antic Teatre, en La Pau, a pan y cuchillo en el Bar Moncho's. O en Camprodon Shore, refugio de nuestra socia eterna Eli Cabrero, y de Esther, casi parte del mobiliario del Bar(sin quitarle el trono a Berta, nuestra cheer-leader número uno). Luego vinieron Bitò, el CAET, el Grec, el Teatre Lliure... Y nos ayudaron a que la máquina pudiera avanzar. Pero es bueno recordar aquellas primeras chispas, con las estufas, aún palpándonos, aislados, haciendo familia. El Bar Amparo.

Por eso, desde que terminamos en el Lliure de Gràcia, teníamos muy claro que "Jo Mai", si seguía caminando, debía de ser en el camino de sus raíces. La apuesta de la que más orgullosos nos sentimos con esta función, y creo que puedo hablar en nombre de todo el equipo, es haber llevado ese Bar Amparo, desolado, doloroso, rabioso, pero lleno de hambre y de alegría visceral, a todo tipo de lugares. "Jo mai" no puede dejar de ser nunca una fiesta ritual, caótica, ebria. No hemos intentado hacer un teatro demasiado confortable, una experiencia de algodón, sino todo lo contrario, un lugar tan incómodo y sudoroso como puede llegar a serlo aquella fiesta tan delirante en la que acabaste cambiando tu vida. De hecho, como nos demuestran iniciativas tan estimulantes y diferentes como "El Teatro del Bario" en Madrid o Teatre d'Estrangis en Catalunya, la experiencia teatral y debe de ser muchas cosas: Esto también.

Así que nuestro plan, con "Jo mai", es seguir abriendo camino en ese lugar en el que ir a fliparlo a un concierto o acudir a una obra de teatro se pueden dar de la mano. Soñamos con un teatro que pueda convertirse en un lugar de encuentro de personas, en un espacio no sólo en el que observar sino en el que vivir, comunicarse, conectar. Y por eso hemos decidido levantar el Bar Amparo...

..en algún lugar, como una seta, aparecer y desaparecer...

...y es esto en lo que estamos trabajando.

No creemos necesario dar muchos más detalles, por ahora. Tan sólo os pedimos un poco de paciencia y atención. Este es un proceso lento, no estamos siguiendo ninguna fórmula ni ningún camino establecido, y tenemos que descubrir los mecanismos, pero no dejamos de ocuparnos en ello. De la misma manera que "Sé de un lugar" ha tenido, y sigue teniendo, más de tres años de vida desde que se estrenó, sabemos que "Jo mai" aún tiene que pasar por varios capítulos más.

Mientras tanto, tenemos que preparar la función en castellano para estrenarla así en Logroño, este Octubre. Estamos intentando poder llevarla a festivales en Madrid y en Buenos Aires, que son las formas de girar más sostenibles económicamente que un espectáculo independiente pero con unas ciertas necesidades técnicas como este tiene. Y nos consta que nuestra distribuidora, Marta Oliveres, sigue buscando bolos por aquí y allá que puedan compaginarse con los complicados calendarios que todos tenemos.



¿Qué le vamos a hacer? Es Teatro. No podemos dejar de hacerlo.

dimecres, 26 de març de 2014

Area de servicio


Después de la temporada en el Lliure la Companyia Prisamata marchó a Buenos Aires con Sé de un lugar y dejamos al Bar Amparo descansando unas semanas.

A la vuelta, tras un par de semanas, volveríamos al ataque, ahora con los bolos de JO MAI.

Casi sin descanso. Saltando de una obra a otra, de una ciudad a otra, de teatro en teatro.

Una de las peculiaridades de JO MAI es que cada teatro nuevo al que llega pide remontar el espectáculo, modificar las luces, nuevos movimientos para los actores, entradas diferentes, salidas... La experiencia JO MAI pide convertir cada teatro en el Bar Amparo, y para que eso suceda hay que investigar las posibilidades de cada espacio y aprovecharlas al máximo.

En ese sentido, los primeros bolos nos sirvieron para entender en qué nos habíamos metido, y a partir de ahí mejorar el proceso, por parte de dirección, para economizar el tiempo sin dejar de hacer lo que cada función demanda. Al principio, después de que los técnicos prepararan el espacio(a veces ya empezaban el día antes, y siempre una matada de horas y horas, colocar focos, recuperar memorias, mover instrumentos, probarlos...) llegábamos todo el equipo, actores incluidos, y remontábamos toda la función, en sesiones de trabajo de cuatro o cinco horas, teniendo en cuenta que luego se pasarían dos horas de preparación y calentamiento, más la hora y media de función. Una matada. No way.

Era de cajón que así no podíamos trabajar y, finalmente, encontramos una manera mucho más práctica. Primero los técnicos lo preparaban todo, luego llegaba yo y hacía un repaso a todas las luces y preparaba los movimientos que luego, cuando llegasen, le explicaría en apenas veinte minutos a los actores. Ellos, rápidamente, los incorporaban y así podían dedicarse esencialmente a prepararse física y emocionalmente para la función.

La primera vez que instalamos este sistema, en el Atrium de Viladecans si mi memoria no me falla, me tranquilicé muchísimo: Los muchos cambios de puesta en escena que debían incorporar en muy poco tiempo no sólo no confundieron a los actores sino que además les acabaron de empujar a hacer totalmente suya la función. Muchas de las decisiones escénicas las empezaron a tomar ellos, a improvisar a partir de las coordenadas dadas, a tomar firmemente la responsabilidad de convertir sin excusas cada teatro en el Bar Amparo.

Eso sí, cada bolo me daba apuro al ver el currazo que David, con las luces, y Xavi Pla, con la regiduria, se pegaban. Y acabar función en una punta de Catalunya y salir hacia la otra punta para preparar la siguiente y dejarlo todo listo para el resto del equipo. Marta se curró un buen sistema para poder hacer todos los bolos con la máxima tranquilidad posible, pero el fin de semana Andorra-Banyoles-Lloret fue uno de esos tour de force que me costará mucho olvidar.


Además, para más inri, un servidor, que siempre busca la obra perfecta, iba dando tijeretazos al texto entre función y función, cargándome este monólogo aquí, este baile allá, en busca del viajazo supremo para los actores y para el público. Uno siempre tiene miedo de decirle un actor: "Oye, ese monólogo que llevamos dos años trabajando, hoy no lo digas". Pero debo decir que en este caso la respuesta de los intérpretes fue de una generosidad sin fisuras. Y no podía ser menos. Llegados a este punto, la función es de todos. A riesgo de reiterarme, me había quedado más que claro al ver como se adueñaban de cada momento, cada gesto, cada situación, y empezaban a dirigirse entre ellos y a implicarse sin mi batuta. Debo confesar que alguna vez me he paseado entre ellos, mientras calentaban, con la intención de dar alguna nota, y me he sentido inútil y desplazado, como cuando de pequeño el equipo de fútbol no quiere contar contigo. Han sido momentos escasos, tampoco pequemos de falsa humildad, siempre había ese detalle, esa frase, ese monólogo, donde veía que necesitaban ese pequeño toque. Y era precioso darlo.


Creo que una de las mejores cosas de esta parte de la gira ha sido precisamente eso: Los actores, los técnicos, yo mismo, al tener que aprender a defender la obra en plazas tan diferentes a un ritmo tan poco pausado, hemos aprendido a distinguir la paja del grano, nos ha obligado a esencializar y a entender la esencia profunda de la obra.

También nos ha obligado a aprender mucho las diferentes reacciones del público. Una obra como esta, que subvierte el pacto teatral a la italiana al que estamos acostumbrados a entregarnos, puede conseguir dos tipos de reacciones adversas: Una, la de los que se niegan a plantearse ese pacto teatral: Todo lo que salga de la idea convencional establecida(y muy limitada, a mi entender) de lo que es el teatro no les interesa y no le quieren prestar atención(he visto gente mayor negándose a girar la cabeza en toda la obra, aunque lo más interesante estuviera pasando a sus espaldas). Otra, la de los que directamente no conocen el pacto teatral: Gente, adolescentes normalmente, que no han llegado nunca a someterse al ejercicio de pasividad que pide la experiencia teatral, y que si ven actores caminando a su alrededor, entienden que pueden hacer ellos también lo que quieran. A veces he sentido que lanzaba a los actores a los leones.



Eso nos ha obligado a aprender a servir la obra cada vez mejor, a salvar esos obstáculos y seducir el público para una experiencia tan descolocadora a veces como puede ser JO MAI. Los actores han aprendido a tratar al público, a quererlo y a hipnotizarlo. Yo he aprendido a ayudar este proceso modificando la iluminación, la relación con el espacio, para conducir mejor al público y que no se nos escape.

Del primer bolo en el Teatre de Salt, en el que los chicos se tiraron a la piscina con arrojo pero aún con cierta inseguridad, acostumbrados a salir a matar en el Lliure de Gràcia pero ahora lógicamente desubicados, con la sensación de jugar fuera de casa; al último en Olot, donde ya estaban más que sobrados y se permitieron pasarse y reinventarse más de una escena sin dejar nunca de explicar la obra con fidelidad religiosa. La evolución, en tan solo unas semanas, fue milagrosa.

Y, de nuevo, el público, te confirma que no vas mal encaminado. Ese público que sale vibrando de la función, como si acabara de salir de una montaña rusa. Esa mujer de cuarenta años que te dice que es la primera vez que va al teatro y que "impresiona, así en persona". Esas jóvenes que te confiesan que han visto la función seis veces. Esas adolescentes excitadas que corren para tener una copia del poster de la obra que colgar en su cuarto. Esos colegas que te dicen "qué punkada" y te sonríen con la complicidad del que se ha sentido comprendido. También esos que necesitan decir que no les ha gustado, pero airados, con cierta bilis, como si hubiéramos hecho algo que no toca. Y, no puedo olvidarme, claro, de los programadores, que saben que tienen entre manos una obra arriesgada, pero que apuestan por JO MAI porque creen que es una manera de abrir la puerta a nuevos públicos, y que hacen las mil y una(como nuestro ínclito Paco Moreno & company, disfrazado de entrada por las calles de Lloret) para llenar nuestros teatros. La cara de los programadores, satisfechos, tras ver que su apuesta no había sido en balde, al final de la función, luminosos. Son esas miradas las que te hacen volver a casa, en la furgo, escuchando los últimos descubrimientos musicales de Álex, con la tranquilidad de que, como decía George Peppard, los planes han salido bien.

Y, volviendo de ese último bolo, Oriol, con mirada traviesa, me dice: "Ara sí, tio, ara el JO MAI sí mola!"



Y es esa sensación constante, la del "Ara sí!", que, pasado un tiempo, se eclipsa ante otro "Ara sí!" que parece mayor, la que nos mantiene enganchados a esta aventura.

Ahora los diferentes compromisos laborales de cada uno nos han obligado a hacer una pausa, para repostar. Los Prisamata nos vamos con Sé de un lugar a Madrid. El reparto tiene sus pelis, sus obras de teatro(por cierto, no se pierdan a Oriol con su "Cabaret K Barat", ni las futuras direcciones de Marcel con su socio Nao), pero nos miramos entre nosotros y sabemos que tenemos muchas ganas de seguir dándole vida a JO MAI, de volver a sentir el próximo "Ara sí!".

Oficialmente, los próximos bolos son en Septiembre, Marta está encajándolo todo como ella sabe para volver a tener una buena pequeña gira a principios de la próxima temporada. Algunas de las plazas que se rumorean me ponen muchísimo, pero prefiero no gafar nada.

Pero tenemos más ganas de JO MAI, y de seguir haciéndolo a nuestra manera. Así que es muy probable que algo se nos ocurra, algo especial, algo que nos permita seguir explorando, buscar un nuevo "Ara sí!", y que nos permita seguir haciendo realidad cosas que no sabemos si se pueden o no hacer. Tenemos lo básico, tenemos la necesidad.



Sigan atentos a este dial, seguro que pronto habrán novedades.

















 (fotos de Xavi Pla)



diumenge, 2 de febrer de 2014

Amparo Lliure



Escribí JO MAI desnudándome totalmente, dándole la vuelta a mi piel cómo un calcetín.

Y así es cómo la hemos levantado, desde que a mediados del 2012 nos empezamos a encontrar por primera vez con el equipo hasta ahora. Ya hace dos años de eso, dos años de compartir entre todos tanta intimidad, y de encontrar la manera de sacarla de nosotros y dejarla en un escenario.

Levantamos JO MAI pensando en los Franks, Isis, Maxis, Julias, Guilles, de nuestras vidas. Que podríamos haber sido nosotros si no hiciéramos teatro, que no vienen casi nunca a vernos, porque tienen otros menesteres, y porque, al contrario que la música, que el cine, que los tebeos o que el vandalismo puro, sienten que el teatro les ha dado un poco la espalda. Levantamos JO MAI despertando a los Franks, Isis, Maxis, Julias, Guilles, que guardamos dentro de nosotros.



Y ahora, por fin, hemos compartido todo esto en un lugar, una casa, el Teatre Lliure de Gràcia, nuestro Bar Amparo durante tres semanas, con toda la gente que ha querido entrar a vivir con nosotros durante un rato.

Calculo, así, mal y pronto, que en esta etapa deben haber visto la función casi 3,500 personas.

He estado en prácticamente todas las funciones. He intentado observarles a todos, saber quienes son esas personas: Jóvenes adolescentes que no han pisado un teatro en su vida, intelectuales de mirada inquisitiva, chavalada que podría ir al Primavera, señoras de postín y parejas con posibles, colegas de profesión curiosos, institutos, chavales en riesgo de exclusión social, fans ilusionadas, algunos de nuestros héroes del teatro, estudiantes de interpretación con mucho hambre... Etcétera, etcétera.

Es decir: Mezcla.

Mucha mezcla.



Y a esa mezcla de gente, con su atención, con su ceño fruncido, con sus comentarios en plena escena, con su mirada de asombro, con sus móviles sonando y las miradas de reproche de los de al lado, con su boca abierta, sus aplausos, sus risas, sus giros de cabeza a uno y otro lado, sus sustos, sus incomprensiones, sus catarsis, su mirada de gratitud, su coger fuerte la mano de su pareja, su inclinarse para ver mejor algún detalle escondido o su señalar al compañero que ha descubierto algo que sucede en segundo plano, a ese magma de público, esa suma de diferencias, sólo podemos tenerle una profunda gratitud. Porque nos ha ayudado a entender mucho más esta aventura en la que nos hemos embarcado. Porque gracias a que han querido compartir esa intimidad y, de una manera o de otra, por unos momentos, la han hecho suya también, hemos crecido dentro del Amparo del Lliure tan rápido como niños enfebrecidos.

JO MAI es una obra de teatro, sí. Pero también es nuestra vida.



Eso es lo que le hemos ofrecido a todos los que han entrado por la puerta del Bar Amparo: Vida.

Y eso es lo que hemos recibido de vuelta, con creces. Mucha vida.

En nombre de toda la compañía, y en nombre de Frank, Isi, Maxi, Guille y Julia:

Gracias.



dimarts, 7 de gener de 2014

A una semana del Lliure...


"Maxi a vuelto"

Los chicos han hecho de las suyas. 

Si están la mitad de nerviosos que yo es que están MUY nerviosos. 

Y es normal. 

Después de hacer un poco de carretera con la obra, de montar y desmontar en Terrassa, en Girona, en Sitges, de enfrentarnos a una función de adolescentes rugientes, de hacer la obra literalmente del revés, de tocar en la calle "espontáneamente", de emborracharnos y jugar al "Jo mai" de verdad, de vivir la soledad de Guille, de viajar juntos, de reír mucho, de perdernos en la noche, de hacer trabajo de actores con caballos, de buscar una ropa con la que quedarnos de una puta vez, de escribir los poemas de Amparo, de investigar con Julia qué pasa de verdad cuando una mujer sufre la violencia de género, de bailar juntos, de hacer clases de dicción, de interpretación, de entrevistas, de visitar el Lliure y enfrentarnos al nuevo espacio, de abrazarnos fuerte, de hacernos más amigos y de aprender a confiar aún más los unos en los otros... vamos a tener, por fin, una casa, un Bar Amparo en el que refugiarnos tres semanas seguidas, donde compartir nuestra aventura con todos los que quieran venir a vivir con nosotros durante una hora y media.

Tanto tiempo esperando este momento. Y está al caer.

Llevo demasiados días encerrado, preparándome para este momento en soledad.

He re-escrito el tercer acto, limando, cortando, modelando el final de la obra para que el viaje sea más poderoso. He preparado la estrategia promocional con la gente del Lliure(¡vaya equipazo más poderoso que tienen en esa casa!). He pasado horas juntando el material que me ha pasado la compañía y añadiendo el mío propio para hacer el fanzine que regalaremos con la entrada, dibujando el comic de Isi, componiendo con cariño el collage que represente el universo de los habitantes del bar Amparo.

Un trabajo bonito, pero solitario.

Sé que Oriol y Álex se han estado apoyando, pasando horas juntos. Sé que Topo ha estado trabajando reforzando su técnica. Que Xavi está concentrándose. Que Marcel está enfocándose. Xavi Pla está organizando. Marta está manejando los hilos, dejándolo todo preparado. Y todos los actores están quedando para repasar texto y ponerse a punto.

Pero necesitamos estar juntos todos de una puta vez.


Hemos creado un equipo inmejorable. Los chicos de luces, los de sonido, han ido enamorándose del proyecto en cada bolo, lo he visto en su mirada, han ido entendiendo poco a poco que es esta obra y enamorándose de ella. Cada vez están más finos, y están con nosotros en la batalla.

No tenemos que buscar más allá. 

Ahora sólo tenemos que estar juntos otra vez.

Mañana repasan el texto "oficialmente", afinarán sus instrumentos.


Y el viernes nos encerraremos por primera vez en el teatro, donde vamos a trabajar intensamente hasta el día del estreno, encontrando los recovecos de la sala que nos digan que estamos en casa, repasando cada frase, cada mirada, cada roce, para que el día del estreno el Bar Amparo sea suyo, y sólo suyo.

La obra está ahí. Sabemos cuál es. Y, a la vez, sabemos que va a sorprendernos.

Tenemos que estar juntos otra vez. Olernos. Tocarnos. Reír. Llorar. Ya no queremos más tener buena suerte, queremos abrazarnos fuerte y hacernos volar.

No hay que buscar más lejos, "Jo mai" está dentro nuestro.

Ahora sólo tenemos que compartirla.

Primero, entre nosotros. Íntimamente.

Y luego, por fin, con vosotros.

Nos morimos de ganas. Y sólo podemos esperar que vosotros también.









(las fotos en B/N son de Greta Fernández, la foto en color es del archivo privado del sr. Sàez)

Licencia Creative Commons
jo mai (en procés) por lalialvarezgarriga/cia.prisamata se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.
Basada en una obra en http://jomaienproces.blogspot.com.