diumenge, 2 de juny de 2013

Ahora o nunca.



Mañana empieza la última tanda de ensayos de JO MAI. Bueno, mañana no, cuando salga el sol, de hecho. Debo escribir unas palabras cómo director sobre JO MAI. Ya sabéis, ese tipo de cosas que a uno le cuestan tanto, por aquella cosa tan obvia de que si me fuera fácil escribir sobre lo que dirijo no tendría la necesidad de dirigirlo.

Total, que eso me ha obligado a echar cuentas.

Y hostias.

Eso me ha hecho descubrir que hace más de diez años que llevo dentro estas ganas devoradoras de abrir el Bar Amparo.

Lo sé porque recuerdo que un día la que hoy es la madre de mi hijo, que tiene diez años y por aquel entonces aún no lo habíamos ni siquiera gestado, me dijo, al pasar delante de un teatro: “De golpe me he imaginado que estaban anunciando BAR AMPARO”.

(BAR AMPARO era el primer nombre, o uno de los primeros, que barajaba para lo que ahora llamaremos JO MAI)

Eso indica que, ya por esas fechas, debía de estar dándole suficientemente la brasa con mis sueños cómo para convertirlos también en los suyos.


¿Cómo puede ser que haya tenido tanto tiempo dentro de mí las cuatro paredes de este tugurio y hasta ahora no me haya atrevido a compartirlo y sacarlo fuera?

Tal vez, no sé, solamente es una suposición, pero puede que sea una cuestión de forma y fondo.




El Bar Amparo es ese lugar que levantas, con lo que tengas a mano, con lo que sea, para protegerte de las tormentas del mundo exterior. Es el pasado que debes limpiar, sobre el que debes construir, para poder tener unos cimientos fuertes desde los cuales crear un futuro. Es ese lugar sagrado donde sólo puede entrar la familia que tú escoges que sea tu familia, los que sabes que verdaderamente van a cubrirte las espaldas y a proteger esa ermita en la que nadie más debe osar entrar.

La última vez que estuvimos todo el equipo de JO MAI juntos, leyendo, tomando té y charlando en mi patio, me di cuenta de que estaba empezando a envidiarles: No es sólo que les viera implicados en la historia, es que podía percibir su necesidad extrema de contarla, y tuve la certeza de que no pasaría mucho tiempo hasta que el BAR AMPARO fuera más suyo que mío.




Lo mejor del caso es que eso me dio mucha tranquilidad. Porque sé que el BAR AMPARO, con ellos, está en muy buenas manos.

Y por eso sé, profunda, radicalmente, que es ahora, y no antes, el momento de contar esta historia.

Ahora o nunca:

JO MAI.








(fotos de Helio Reguera, que se sepa si las usas, maifrén)
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Basada en una obra en http://jomaienproces.blogspot.com.