dijous, 16 de maig de 2013

La niebla desde el campamento

Una y media de la madrugada, pasadas. Llueve, Neneh Cherry sonando y mails y llamadas y webs y planificación y que si esto y que si lo otro...

La niebla de la guerra se acerca, pero aún estamos en el campamento base, mirando los mapas, repasando estrategias. Queremos entrar en la batalla con las armas afiladas. Tú me cubres las espaldas y yo te las cubro a ti.

Lo peor es que no puedo ir al teatro ni a conciertos ni al cine, casi. No hay tiempo material. No sólo no me puedo alimentar del trabajo de los demás cómo me gustaría, sino que ni siquiera puedo ver lo que hacen mis amigos. Lo siento, tíos, soy un gilipollas, me he perdido la última del Prat i Coll, el concierto de la nueva banda de Maxwell Wright, dos o tres obras con Pol López, los shows de Nico&Sunset, y decenas de cosas más...  Lo único que puedo ver es, cuando he acabado de currar, las enormes pelis que me ha pasado Fernando. Ahí soy feliz, comida para el alma. Hay que ver lo que hacen los maestros. Wiseman, Gainsbourg, Forman... Te das cuenta de que no eres más que otro capullo intentando hacer algo perecedero. Pero un día decidiste no quedarte a vivir en esa albergue cutre de New Orleans con esa chica del pelo violeta y ahora hay que apechugar.

Hora sí, hora también, con Marta al teléfono. Instrumentos, reuniones, contratos, deadlines... La tía sabe latín y conoce este oficio y sus laberintos cómo alguien que lo ama pero que a la vez sabe lo mal que le huele el aliento cuando se despierta. Esa mezcla de ingenuidad y procacidad es una buena vacuna contra el desánimo, y si algo hay que dinamitar en estos días de estulticia es el desánimo. Con Marta tenemos una buena sombra donde refugiarnos, Ca La Independenta cuina calenta, es nuestro Bar Amparo.

Marcel se pilla un Bicing, corre para el TNC a ensayar. "Este verano moriremos", decimos, "pero moriremos felices." Otra mañana corriendo, en la Barceloneta, al lado de la casa donde me crié, el tío ya se está convirtiendo en Frank. "Putos guiris", me dice, después de matarse a flexiones y abdominales ante el mar. Y sé que ya es Frank quien habla, no Marcel, así que es mejor callar. Cierra los ojos, alerta, y deja que Frank mande.

Álex salta de un lugar a otro, impaciente, pero con una intuición privilegiada. En sus brazos, su hijo. Isi, poco a poco, va tomando cuerpo. Va venciendo sus miedos y llenándose de valor. Le daremos paz. Este será nuestro regalo. Esta será su fuerza.

Xavi, en mi casa, peleándose contra un peluche de Roc. Dialogando con la luz de mi salón. Mirándose al espejo y viéndose niño, desnutrido, iluminado. De golpe se ríe, se muere de la risa, estalla. Y sé que hemos roto la cáscara.

Oriol también dialoga con el espejo, valiente. Firme. Hemos aprendido a no saber, a respetar lo desconocido. Buena munición.

El equipo va terminando de cerrarse. Xavi Pla se une, tras decir "Correcte", y ya empieza a avistar los puntos flacos, para eso le hemos llamado. Rai, en el Terra Bar, conoce un poco mejor la historia, de principio a fin. Y sonríe con ese gesto de niño travieso-que-se-hace-pasar-por-tímido y sé que vamos bien. Helio me envía sus fotazas mientras Marina teclea y teclea y revisamos deadlines y agendas. Con Joana también sincronizamos relojes, establecemos protocolos, nos tiramos al suelo, discutimos ideas preconcebidas, planificamos estrategias de ataque y comemos espinacas y el arroz de ayer.


Y luego me estiro, en albornoz, en el sofá.

Fuck it. Mañana me tiraré con mi hijo del tobogán acuático más grande de Europa.






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