diumenge, 9 de juny de 2013

Dia -46.

Empezamos con ellos tres, en el patio de mi casa, bajo el sol achicharrante. Siguiendo el ritmo: Un, dos, tres, cuatro. Con las manos y con las orejas. Aprendiendo a escucharse, descubriendo lo que tienen que decirse. Y vemos que queda mucho camino, un desierto con piedras y cactus.

Luego entramos, de nuevo, en el local de ensayo, y fue cómo abrir la puerta de una patada y, con ese ímpetu, ocupar el espacio y empezar a recordar a base de movimientos y gritos; cómo uno de esos polvos adolescentes apresurados en la media hora que falta para que vengan sus padres. Lo que quedó claro es que teníamos ganas, muchas. 

Pues a cocinar.

Si hay que elegir un utensilio doméstico, entre el colador y el embudo nos quedamos con el último, por pura necesidad. Hay que encontrar un embudo en cada uno, a través del cuál todo, absolutamente todo, pueda pasar, pero sólo caiga por un agujero, estrecho, redondo. Un embudo en cada cuerpo, un embudo en la suma de los cuerpos.

Las mañanas son más domésticas, las tardes jugamos a tenis. Y, de manera alterna, Helio va recibiendo a cada uno y van tocando, cantando, afinándose.

Julia, Isi y Maxi empiezan a rascar, a encontrar su cuerpo, gracias a Joana, a quitar pieles y empezar desde el principio. Probamos ruidos que no nos sirven, y buscamos otros. Aún hay que encender las luces, tal vez. Aún debemos seguir mirándonos al espejo antes de mirar al público, un poco. Aún debemos abrazarnos, y sentir la ausencia de esos abrazos. Y Xavi y yo empezamos a tranquilizarnos, porque vemos que el terreno es fértil, y que el cielo amenaza chuzos.

Primero nos vamos de fiesta. Montamos una disco. Y bailamos y ligamos unos con otros. Así es más divertido todo. Y de ahí nace el abrazo. Luz verde: Así que entramos en materia densa. Jugamos al dolor. El único cuerdo, el árbitro, Xavi, nos mira a Anna, Joana y yo, boxeando con Julia y Guille, y va tomando apuntes. El circo romano. Mi rabia, tu rabia. ¿Quién quiere ir a los Toros pudiendo ir al teatro? El equipo funciona, somos una jauría pacífica. Échanos lo que quieras, que aguantamos.

Bob Marley se abraza a una de sus rastas, y empezamos a entender cosas. Frank va a fuego lento, cómo debe ser, cómo hace tiempo que lleva siendo. Pero Marcel es valiente, y apunta y dispara. Por muy lento que sea el fuego, debe quemar. Y quema. Fire burnin' El padre, el hijo. Y el Espíritu Santo vendrá otro día. Pero siempre tenemos la música. Y la música empieza a sonar diferente, cuando la llenamos de  necesidad.

También hay baches. También hay aprendizajes, no artísticos, sino vitales, porque arrieritos somos y en el camino nos hemos encontrado. Pero es importante saber escucharlos, entender qué han venido a decirnos, y hacernos más sabios con ellos. Y, después de eso, a seguir trabajando. Si aquí no funciona, funcionará allí. ¿Una más? Venga, estamos cansados, pero una más, que será la buena.

Y es la buena.

Y mi socio y yo nos arremangamos y nos enfrentamos a lo desconocido. 

Lección: Para enfrentarse a lo desconocido, lo mejor es un buen socio.

Julia conoce a Guille desde la barrera. Y Guille se conoce bajo la mirada de Julia. Vamos lejos. Vamos profundo. Cortamos la maleza. Damos el tiempo. Bajamos al pozo. Y apretamos aún más. Y no es más que gimnasia. Acabamos con el ritmo otra vez, y con un nuevo abrazo.

Y luego nos ponemos farrucos. Insistimos. Una y otra vez. Las mismas palabras. El mismo encuentro. Isi y Julia se descubren ad eternum. Pero así debe de ser, para que sea único de verdad. Para jugar, desde el peligro, desde la necesidad, desde la libertad pura. Y desde el aprendizaje de un oficio que no es instantáneo, que debe hacerse un sitio dentro de uno, a su ritmo, pero nunca sin cuidado. Eo, somos jardineros.

De nuevo, el sacrificio. Esta vez, el sacrificio real. De nuevo, jugamos al dolor. La técnica de la maquina humana. La voz de la caverna. El Toro que mató a Manolete. Frank asoma la pata, con sus uñas, con sus pelos. Se adivina. Llegamos lejos, y entonces es el momento de detenernos. Aún no. Debemos esperar.

Y, hoy, en el día -46, vamos a ver si todo esto tiene algo de sentido. 

De aquí a unas horas. 

Allí. 

Detrás de la puerta. 

A ver cómo tenemos el ritmo. No olvidemos: Un, dos, tres, cuatro.







diumenge, 2 de juny de 2013

Ahora o nunca.



Mañana empieza la última tanda de ensayos de JO MAI. Bueno, mañana no, cuando salga el sol, de hecho. Debo escribir unas palabras cómo director sobre JO MAI. Ya sabéis, ese tipo de cosas que a uno le cuestan tanto, por aquella cosa tan obvia de que si me fuera fácil escribir sobre lo que dirijo no tendría la necesidad de dirigirlo.

Total, que eso me ha obligado a echar cuentas.

Y hostias.

Eso me ha hecho descubrir que hace más de diez años que llevo dentro estas ganas devoradoras de abrir el Bar Amparo.

Lo sé porque recuerdo que un día la que hoy es la madre de mi hijo, que tiene diez años y por aquel entonces aún no lo habíamos ni siquiera gestado, me dijo, al pasar delante de un teatro: “De golpe me he imaginado que estaban anunciando BAR AMPARO”.

(BAR AMPARO era el primer nombre, o uno de los primeros, que barajaba para lo que ahora llamaremos JO MAI)

Eso indica que, ya por esas fechas, debía de estar dándole suficientemente la brasa con mis sueños cómo para convertirlos también en los suyos.


¿Cómo puede ser que haya tenido tanto tiempo dentro de mí las cuatro paredes de este tugurio y hasta ahora no me haya atrevido a compartirlo y sacarlo fuera?

Tal vez, no sé, solamente es una suposición, pero puede que sea una cuestión de forma y fondo.




El Bar Amparo es ese lugar que levantas, con lo que tengas a mano, con lo que sea, para protegerte de las tormentas del mundo exterior. Es el pasado que debes limpiar, sobre el que debes construir, para poder tener unos cimientos fuertes desde los cuales crear un futuro. Es ese lugar sagrado donde sólo puede entrar la familia que tú escoges que sea tu familia, los que sabes que verdaderamente van a cubrirte las espaldas y a proteger esa ermita en la que nadie más debe osar entrar.

La última vez que estuvimos todo el equipo de JO MAI juntos, leyendo, tomando té y charlando en mi patio, me di cuenta de que estaba empezando a envidiarles: No es sólo que les viera implicados en la historia, es que podía percibir su necesidad extrema de contarla, y tuve la certeza de que no pasaría mucho tiempo hasta que el BAR AMPARO fuera más suyo que mío.




Lo mejor del caso es que eso me dio mucha tranquilidad. Porque sé que el BAR AMPARO, con ellos, está en muy buenas manos.

Y por eso sé, profunda, radicalmente, que es ahora, y no antes, el momento de contar esta historia.

Ahora o nunca:

JO MAI.








(fotos de Helio Reguera, que se sepa si las usas, maifrén)
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Basada en una obra en http://jomaienproces.blogspot.com.